quarta-feira, 29 de dezembro de 2010

MISSA DA OITAVA DE NATAL (01 de Janeiro)


Entrevista a Mons. Luigi Negri, obispo de San Marino - Montefeltro, sobre la Liturgia, el Magisterio del Papa y el motu proprio Summorum Pontificum

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Presentamos, ahora traducida por La Buhardilla para el castellano, una interesantísima entrevista a Mons. Luigi Negri, obispo de San Marino-Montefeltro, la cual antes habíamos publicado en el original italiano


Excelencia, el rasgo característico de este pontificado es la relación entre fe y razón: ¿por qué insistir en la liturgia?

La liturgia es la vida de Cristo que se realiza en la Iglesia e involucra existencialmente a los cristianos. La liturgia no es simplemente un culto que se eleva desde el hombre a Dios, como en la gran mayoría de las formulaciones religiosas naturales.

La liturgia es el amplio realizarse del acontecimiento de la vida, pasión, muerte y resurrección del Señor que toma forma en el organismo sacramental e involucra a los cristianos en un sentido sustancial y fundamental, haciéndolos pertenecer a Cristo y a la Iglesia a través de los sacramentos de la iniciación cristiana, y luego los acompaña en las grandes opciones y en las grandes etapas de su vida. En las grandes opciones vocacionales – matrimonio, orden – o en las etapas de la vida. Ahora bien, la liturgia defiende la facticidad de Cristo y de la Iglesia. Por eso tengo mucha gratitud hacia el profesor De Mattei por su extraordinario libro sobre la historia del Vaticano II y las páginas dedicadas a un lento e inexorable “socializarse” de la liturgia, ya antes del Concilio: como si el valor de la liturgia estuviese en la posibilidad de que el pueblo cristiano participara activamente en un evento que era luego vaciado, de hecho, de su sacramentalidad y terminaba por ser una iniciativa de sociabilidad católica.

Y yo creo que en la liturgia se juega la verdad de la fe porque se juega la gran alternativa que Benedicto XVI ha puesto al comienzo de la Deus caritas est: el cristianismo no es una ideología de carácter religioso, no es un proyecto de carácter moralista, sino que es el encuentro con Cristo que permanece y se desarrolla en la vida de la Iglesia y en la vida de cada cristiano.

La liturgia hace presente el hecho de Cristo en el flujo y en el reflujo de las generaciones: “Haced esto en memoria mía”. Yo creo que también la defensa de una conciencia exacta del dogma depende de la verdad con que se vive la liturgia. En este sentido, desde siempre la Iglesia ha afirmado que “lex orandi, lex credendi”: es la ley de la oración que hace nacer la ley de la fe pero sobre todo que la vigila de manera adecuada y positiva.

Dos aspectos me parecen centrales en el libro de Ratzinger “Teología de la liturgia”: la prevalencia lamentablemente verificada de un sentido de la Misa como asamblea, “evento de un determinado grupo o Iglesia local”, cena; por o tanto, la participación entendida como el actuar de varias personas que, según el autor, se transforma a veces en parodia. Y luego la celebración hacia el pueblo que, por una serie de malentendidos y malas interpretaciones “se presenta hoy como el fruto de la renovación litúrgica querida por el Concilio”, escribe el Papa. Consecuencias: la comunidad como círculo cerrado en sí mismo y una clericalización nunca antes vista donde todo converge en el celebrante.

Yo estoy de acuerdo en que el Papa deberá continuar una “reforma de la reforma” litúrgica del Concilio, usando una expresión de don Nicola Bux. Pero debe ser dicho con extrema claridad que al Papa le está costando hacer esta “reforma de la reforma”. Existen tendencias negativas de resistencia, ni siquiera tan pasiva. La reforma litúrgica venida después del Concilio la mayoría de las veces se ha llenado de pseudo-interpretaciones o ha hecho valer casos excepcionales como norma – basta pensar en el problema de la lengua o el de la distribución de la Comunión en la mano. Ha habido auténticos “golpes” de las Conferencias episcopales frente a Roma.

Ciertamente hubo una debilidad de la reacción vaticana, probablemente debida a tensiones y contra-tensiones incluso dentro de las estructuras que debían regular la interpretación exacta y la aplicación del Concilio. Ahora bien, aún teniendo presentes estos datos condicionantes a los que un gobierno de la Iglesia debe hacer frente en forma realista, la alternativa es entre una sociologización de la liturgia – como decir, un funcionamiento adecuado de las leyes y de los comportamientos de la comunidad cristiana reunida para celebrar la Eucaristía, que se convierte en el sujeto de la celebración eucarística antes que en su interlocutor privilegiado – y el volver a traer al centro al verdadero sujeto de la celebración eucarística, que es Jesucristo en persona. La estructura de la tradición litúrgica, así como la Iglesia del Concilio la ha recibido, salva los derechos de Cristo y la presencia de Cristo. Entonces todo esto que se hace para agotar o reducir la conciencia de la presencia de Cristo en beneficio de la modalidad con que la comunidad está presente, es una pérdida del valor último de la liturgia, del valor ontológico, diría don Giussani, y por lo tanto, metodológico y educativo. En el tiempo en que entraba en vigor por primera vez la reforma del Concilio Vaticano II, una altísima personalidad vaticana – no puedo decirle cuál pero es cierto, porque lo he leído con mis propios ojos – escribió que así finalmente la celebración de la Misa volvía a ser “una sana palestra de sociabilidad católica”.

¿Me puede decir, al menos, si estaba unos escalones más arriba que Monseñor Bugnini?

Muchos escalones más arriba que monseñor Bugnini.

“En Italia, salvo pocas honrosas excepciones, los obispos y los superiores de las órdenes religiosas se han opuesto a la aplicación del Motu proprio”: lo declaró el vicepresidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei a un año de distancia de Summorum Pontificum, con que Benedicto XVI “liberalizó” la liturgia tradicional tridentina. Una denuncia muy fuerte de desobediencia del episcopado italiano. ¿En qué punto estamos en la aplicación del Motu proprio? En su diócesis, ¿hay celebraciones de la liturgia en la forma extraordinaria del Misal Romano de 1962?

Yo he tratado de aplicar, además de recibir y explicar a mi clero el sentido profundo de este Motu proprio que, en mi opinión, es una posibilidad dada a quien quiere en la Iglesia valorizar una riqueza más amplia y articulada de aquello que está a disposición de todos. Es como si el Papa hubiese reabierto la posibilidad de una celebración litúrgica que el individuo y el grupo siente más acorde a su deseo de crecimiento y a sus principios. Sin embargo, debo decir que han faltado hasta ahora las normas aplicativas, que nosotros estamos esperando desde hace años.

Básicamente, por lo que se puede hacer hoy, allí donde el obispo ha obedecido, como en mi caso, se celebran no muchas sino todas aquellas Misas que han sido pedidas, según la modalidad precisamente identificada por el Motu proprio. Cuando antes dije que al Papa le resulta difícil hacer pasar la “reforma de la reforma” tenía precisamente en mente un Motu proprio del que faltan, a más de tres años de su promulgación, las dimensiones aplicativas. Pero me parece que el rechazo, la resistencia, han sido no tanto sobre el Motu proprio sino más si bien sobre el hecho de que la reforma litúrgica del Vaticano II, así como los textos son interpretados y como la liturgia se ha ido determinando, parece que no pueda ser puesta en discusión. La resistencia es sobre la posibilidad misma, que en cambio el Papa ha abierto, de tener otras formas de aplicación de la vida litúrgico-sacramental: esto está en cuestionamiento, no las aplicaciones. Mientras que el Papa dijo: hay una riqueza litúrgica sacramental a la que toda la Iglesia, si quiere, puede acceder, sin que todo sea reconducido a una sola forma; en mi opinión, hay un amplio estrato de los eclesiásticos que considera que, en cambio, la reforma del Concilio Vaticano II arrasó con todo lo que estaba antes. Es aquella hermenéutica de la discontinuidad sobre la que el Papa intervino con mucha claridad y decisión.

Según un sondeo de Doxa, el 71 por ciento de los católicos encontraría normal que en la propia parroquia conviviesen las dos formas del rito romano, tradicional y nuevo. El 40 por ciento de quienes van a Misa todos los domingos, si la tuviesen en la parroquia, preferirían ir todas las semanas a la Misa de San Pío V. ¿Cómo comenta estos datos, que deben ser tomados con cuidado como toda encuesta?

Sigo siendo de la opinión que, más allá de estos datos, hoy la Iglesia debe ser muy disponible en ofrecer formas y modos de participación en la vida de Cristo que correspondan en su diversidad a la inevitable diversidad que existe entre los hombres y entre los jóvenes. Creo que nos debe animar un sincero entusiasmo misionero. En un momento en que las iglesias se vacían y hay tantas dificultades para una percepción adecuada del misterio de Cristo y de la Iglesia, todo lo que pueda facilitar debe ser utilizado, ¡pero no para afirmar las propias opciones ideológicas! El choque tradicionalismo-progresismo no tiene ya razón de ser, y de esta superación estamos realmente en deuda con Benedicto XVI. Son contraposiciones ideológicas que hipostatizan puntos de vista, sensibilidades, formas, en lugar de preguntar qué sirve más a la misión de la Iglesia y, por lo tanto, a su tarea educativa.

¿Cómo celebraba la Misa don Luigi Giussani? ¿Cuál era su pensamiento sobre la liturgia y cómo recibió la reforma?

He visto a Giussani celebrar según el rito de san Pío V: lo celebraba con la conciencia profunda de ser protagonista de un evento de gracia que abría al corazón y a la vida de los hombres. Y lo he visto celebrar según la liturgia reformada, del mismo modo. Giussani iba a lo esencial y, por naturaleza, no estaba inclinado a subrayar excesivamente los particulares. No puedo decir cómo reaccionó a la reforma porque no recuerdo que hayamos hablado de esto, ni entre nosotros dos, aunque habíamos tenido centenares de horas de diálogo sobre todos los problemas de la vida de la Iglesia y de la sociedad, ni públicamente. Pero la imagen de la liturgia que tenía está contenida en aquel bellísimo librito “Dalla liturgia vissuta, una proposta”. Creo que tanto la liturgia tradicional como la liturgia reformada, si se mantienen en la identidad que le es reconocida por el magisterio, pueden favorecer que una vida se convierta en propuesta de vida: la liturgia es una vida, la vida de Cristo con los suyos, que se convierte en propuesta de vida. No creo que estuviese dispuesto a morir para salvar la liturgia de san Pío V pero no creo tampoco – por lo que lo he conocido en cincuenta años de convivencia – que dijese inmediatamente que la liturgia del Vaticano II fuese la mejor posible. Más bien creo que, como sobre otras cuestiones del Concilio Vaticano II, tuvo algunas dificultades interpretativas, como ahora es reconocido por parte de la gran mayoría de los pastores y de los teólogos inteligentes. Tan cierto es que, después de cuarenta años, Benedicto XVI dice que comienza ahora una verdadera interpretación del Concilio.

¿Qué características tendrá la parte religiosa y eclesial de la visita del Papa a San Marino en el 2011?

Habrá una celebración de la Misa en San Marino para toda la diócesis, en el estadio de Serravalle, en la mañana del 19 de junio, según el programa oficioso que poco a poco se está haciendo oficial.

En estos días usted ha sido objeto de la observación de un periodista, en un periódico laico, sobre la desproporción entre su personalidad – “punta de diamante” - y la diócesis que le ha sido confiada, definida “diócesis de opereta”.

Estoy agradecido a este periodista por los elogios, un poco inmerecidos, que me ha hecho, no sólo en este caso sino también en otros momentos. En los tortuosos caminos que terminan en la provisión de una determinada iglesia particular, o bien de una responsabilidad también central en la conducción de la Iglesia, nadie, y menos yo, es tan ingenuo como para no saber que hay movimientos, contra-movimientos, reacciones, contra-reacciones, intereses, que tienen un gran peso. Yo mismo escribí algo sobre el carrerismo en mi columna “Opportune et importune” en Studi Cattolici, por eso toda esta fenomenología de una presencia de actitudes políticas no me resulta tan excepcional o escandalosa. Yo soy de aquella generación de sacerdotes y de obispos que considera que, de todos modos, finalmente, y sobre todas estas corrientes, contra-corrientes, amistades, vetos cruzados, está la voluntad de Dios interpretada por el Santo Padre. Cuando el Santo Padre te llama, puedes estar seguro de que es Dios quien te llama, y si te llama a aquella realidad a la que te llama, es porque Dios considera que es lo mejor para ti en aquel momento. Es con este estado de ánimo, muy abandonado a la voluntad de Dios y muy alegre, que yo soy obispo de una diócesis definida “de opereta” por alguno; pero creo haber llevado esta diócesis a una presencia y una visibilidad en el contexto eclesial y social italiano, y no sólo.

Por otra parte, muchos nombramientos van a personas no siempre a la altura de las responsabilidades a ellos confiadas, un problema grave hoy, cuando la Iglesia debería dar el máximo en la propuesta cultural y pastoral. Excelencia, ¿no cree que esto es un freno o un impedimento para la misión de la Iglesia?

Pero aquí monseñor Negri no responde y cierra el diálogo. Me mira profundamente con sus ojos claros y hace silencio. Es el día de santa Lucía, la tarde está por ceder a la “noche más larga”. En Domagnano descienden los primeros copos de nieve. En cambio más arriba, en Rímini, todo se funde en agua.

Fuente: Il blog degli amici di Papa Ratzinger
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

sábado, 25 de dezembro de 2010

DOMINGO DENTRO DA OITAVA DO NATAL


URBI ET ORBI 25-12- 2010



El Prefecto de Culto Divino y la reforma de la reforma: Es necesario superar la tendencia a congelar el estado actual de la reforma post-conciliar

 

La liturgia católica vive “una cierta crisis” y Benedicto XVI quiere dar vida a un nuevo movimiento litúrgico, que vuelva a traer más sacralidad y silencio en la Misa, y más atención a la belleza en el canto, en la música y en el arte sacro.

El cardenal Antonio Cañizares Llovera, 65 años, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, que cuando era obispo en España era llamado “el pequeño Ratzinger”, es el hombre al cual el Papa ha confiado esta tarea. En esta entrevista a Il Giornale, el “ministro” de la liturgia de Benedicto XVI revela y explica programas y proyectos.

Como cardenal, Joseph Ratzinger había lamentado un cierto apresuramiento en la reforma litúrgica post-conciliar. ¿Cuál es su opinión?

La reforma litúrgica ha sido realizada con mucha prisa. Había óptimas intenciones y el deseo de aplicar el Vaticano II. Pero ha habido precipitación. No se ha dado tiempo y espacio suficiente para acoger e interiorizar las enseñanzas del Concilio; de golpe se cambió el modo de celebrar.

Recuerdo bien la mentalidad entonces difundida: era necesario cambiar, crear algo nuevo. Aquello que habíamos recibido, la tradición, era vista como un obstáculo. La reforma fue entendida como obra humana, muchos pensaban que la Iglesia era obra de nuestras manos y no de Dios. La renovación litúrgica fue vista como una investigación de laboratorio, fruto de la imaginación y de la creatividad, la palabra de mágica de entonces.

Como cardenal, Ratzinger había auspiciado una “reforma de la reforma” litúrgica, palabras actualmente impronunciables incluso en el Vaticano. Sin embargo, parece evidente que Benedicto XVI la desearía. ¿Puede hablar de ella?

No sé si se puede, o si conviene, hablar de “reforma de la reforma”. Lo que veo absolutamente necesario y urgente, según lo que desea el Papa, es dar vida a un nuevo, claro y vigoroso movimiento litúrgico en toda la Iglesia. Porque, como explica Benedicto XVI en el primer volumen de su Opera Omnia, en la relación con la liturgia se decide el destino de la fe y de la Iglesia. Cristo está presente en la Iglesia a través de los sacramentos. Dios es el sujeto de la liturgia, no nosotros. La liturgia no es una acción del hombre sino que es acción de Dios.

El Papa, más que con las decisiones bajadas de lo alto, habla con el ejemplo: ¿cómo leer los cambios por él introducidos en las celebraciones papales?

Ante todo, no debe haber ninguna duda sobre la bondad de la renovación litúrgica conciliar, que ha traído grandes beneficios en la vida de la Iglesia, como la participación más consciente y activa de los fieles y la presencia enriquecida de la Sagrada Escritura. Pero más allá de estos y otros beneficios, no han faltado sombras, surgidas en los años sucesivos al Vaticano II: la liturgia, esto es un hecho, ha sido “herida” por deformaciones arbitrarias, provocadas también por la secularización que por desgracia golpea también dentro de la Iglesia. En consecuencia, en muchas celebraciones no se pone ya en el centro a Dios sino al hombre y su protagonismo, su acción creativa, el rol principal dado a la asamblea. La renovación conciliar ha sido entendida como una ruptura y no como un desarrollo orgánico de la tradición. Debemos reavivar el espíritu de la liturgia y para esto son significativos los gestos introducidos en las liturgias del Papa: la orientación de la acción litúrgica, la cruz en el centro del altar, la comunión de rodillas, el canto gregoriano, el espacio para el silencio, la belleza en el arte sagrado. Es también necesario y urgente promover la adoración eucarística: frente a la presencia real del Señor no se puede más que estar en adoración.

Cuando se habla de una recuperación de la dimensión de lo sagrado está siempre quien presenta todo esto como un simple retorno al pasado, fruto de nostalgia. ¿Cómo responde?

La pérdida del sentido de lo sagrado, del Misterio, de Dios, es una de las pérdidas más graves de consecuencias para un verdadero humanismo. Quien piensa que reavivar, recuperar y reforzar el espíritu de la liturgia, y la verdad de la celebración, es un simple retorno a un pasado superado, ignora la verdad de las cosas. Poner la liturgia en el centro de la vida de la Iglesia no es para nada nostálgico sino que, por el contrario, es la garantía de estar en camino hacia el futuro.

¿Cómo juzga el estado de la liturgia católica en el mundo?

Frente al riesgo de la rutina, frente a algunas confusiones, a la pobreza y a la banalidad del canto y de la música sagrada, se puede decir que hay una cierta crisis. Por eso es urgente un nuevo movimiento litúrgico. Benedicto XVI, indicando el ejemplo de San Francisco de Asís, muy devoto del Santísimo Sacramento, explicó que el verdadero reformador es alguien que obedece a la fe: no se mueve de modo arbitrario y no se arroga ninguna discrecionalidad sobre el rito. No es el dueño sino el custodio del tesoro instituido por el Señor y confiado a nosotros. El Papa, por lo tanto, pide a nuestra Congregación promover una renovación conforme al Vaticano II, en sintonía con la tradición litúrgica de la Iglesia, sin olvidar la norma conciliar que prescribe no introducir innovaciones sino cuando lo requiere una verdadera y comprobada utilidad para la Iglesia, con la advertencia de que las nuevas formas, en todo caso, deben surgir orgánicamente de las ya existentes.

¿Qué intentáis hacer como Congregación?

Debemos considerar la renovación litúrgica según la hermenéutica de la continuidad en la reforma indicada por Benedicto XVI para leer el Concilio. Y para hacer esto es necesario superar la tendencia a “congelar” el estado actual de la reforma post-conciliar, en un modo que no hace justicia al desarrollo orgánico de la liturgia de la Iglesia.

Estamos intentando llevar adelante un gran empeño en la formación de sacerdotes, seminaristas, consagrados y fieles laicos para favorecer la comprensión del verdadero significado de las celebraciones de la Iglesia. Esto requiere una adecuada y amplia instrucción, vigilancia y fidelidad en los ritos y una auténtica educación para vivirlos plenamente. Este empeño será acompañado por la revisión y por la actualización de los textos introductorios a las diversas celebraciones (prenotanda). Somos también conscientes de que dar impulso a este movimiento no será posible sin una renovación de la pastoral de la iniciación cristiana.

Una perspectiva que debería ser aplicada también al arte y a la música…

El nuevo movimiento litúrgico deberá hacer descubrir la belleza de la liturgia. Por eso, abriremos una nueva sección de nuestra Congregación dedicada a “Arte y música sacra” al servicio de la liturgia. Esto nos llevará a ofrecer cuanto antes criterios y orientaciones para el arte, el canto y la música sacras. Como también pensamos ofrecer lo antes posible criterios y orientaciones para la predicación.

En las iglesias desaparecen los reclinatorios, la Misa a veces es todavía un espacio abierto a la creatividad, se cortan incluso las partes más sagradas del canon: ¿cómo invertir esta tendencia?

La vigilancia de la Iglesia es fundamental y no debe ser considerada como algo inquisitorio o represivo sino como un servicio. En todo caso, debemos hacer a todos conscientes de la exigencia no sólo de los derechos de los fieles sino también del “derecho de Dios”.

Existe también el riesgo opuesto, es decir, el de creer que la sacralidad de la liturgia depende de la riqueza de los ornamentos: una posición fruto de esteticismo que parece ignorar el corazón de la liturgia…

La belleza es fundamental pero es algo muy distinto de un esteticismo vacío, formalista y estéril, en el cual a veces se cae. Existe el riesgo de creer que la belleza y la sacralizad de la liturgia dependen de la riqueza o de la antigüedad de los ornamentos. Se requiere una buena formación y una buena catequesis basada en el Catecismo de la Iglesia Católica, evitando también el riesgo opuesto, el de la banalización, y actuando con decisión y energía cuando se recurre a usanzas que han tenido su sentido en el pasado pero actualmente no lo tienen o no ayudan de ningún modo a la verdad de la celebración.

¿Puede dar alguna indicación concreta sobre qué podría cambiar en la liturgia?

Más que pensar en cambios, debemos comprometernos en reavivar y promover un nuevo movimiento litúrgico, siguiendo la enseñanza de Benedicto XVI, y reavivar el sentido de lo sagrado y del Misterio, poniendo a Dios en el centro de todo. Debemos dar impulso a la adoración eucarística, renovar y mejorar el canto litúrgico, cultivar el silencio, dar más espacio a la meditación. De esto surgirán los cambios…

Fuente: Il Giornale
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

sexta-feira, 24 de dezembro de 2010

Anúncio do Nascimento de Nosso Senhor Jesus Cristo segundo a carne

  


Do martirológio Romano na Forma Extraordinária do Rito Romano, cantado no ofício da Prima de 25 de dezembro, Natal do Senhor .

Octávo Kaléndas Januárii. Luna decima nona. Anno a creatióne mundi, quando in princípio Deus creávit cœlum et terram, quínquies millésimo centésimo nonagésimo nono: A dilúvio autem, anno bis millésimo nongentésimo quinquagésimo séptimo: A nativitáte Abrahæ, anno bis millésimo quintodécimo: A Moyse et egréssu pópuli Israël de Ægypto, anno millésimo quingentésimo décimo: Ab unctióne David in Regem, anno millésimo trigésimo secúndo; Hebdómada sexagésima quinta, juxta Daniélis prophetíam: Olympíade centésima nonagésima quarta: Ab urbe Roma cóndita, anno septingentésimo quinquagésimo secúndo: Anno Impérii Octaviáni Augústi quadragésimo secúndo, toto Orbe in pace compósito, sexta mundi ætáte, Jesus Christus ætérnus Deus, æterníque Patris Fílius, mundum volens advéntu suo piíssimo consecráre, de Spíritu Sancto concéptus, novémque post conceptiónem decúrsis ménsibus (Hic vox elevatur, et omnes genua flectunt), in Béthlehem Judæ náscitur ex María Vírgine factus Homo. (Hic autem in priori voce dicitur, et in tono passionis:) NATÍVITAS DÓMINI NOSTRI IESU CHRISTI SECÚNDUM CARNEM.

Oitava calenda de Janeiro (25 de dezembro). Décimo nono dia da lua. No cinco milésimo centésimo nonagésimo nono ano da criação do mundo, quando no princípio Deus criou o céu e a terra; dois milésimo nongentésimo quinquagésimo sétimo ano do dilúvio; dois milésimo décimo quinto ano do nascimento de Abraão; milésimo quingentésimo décimo ano de Moisés e da saída do povo de Israel do Egito; milésimo trigésimo segundo ano da unção de Davi como Rei; na sexagésima quinta semana, conforme a profecia de Daniel; na centésima nonagésima quarta Olimpíada; setingentésimo quinquagésimo segundo ano da fundação de Roma; quadragésimo segundo ano do Império de Otaviano Augusto, com todo o Globo acertado em paz, na sexta idade do mundo, Jesus Cristo, eterno Deus e Filho do Pai eterno, querendo consagrar o mundo com seu piedosíssimo advento, concebido do Espírito Santo, e decorridos nove meses após a concepção, (aqui eleva-se a voz, e todos ajoelham-se) em Belém de Judá nasceu de Maria Virgem, feito homem. (no mesmo tom alto, e no tom da Paixão, continua) O NASCIMENTO DE NOSSO SENHOR JESUS CRISTO SEGUNDO A CARNE.


quinta-feira, 23 de dezembro de 2010

Entrevista-manifiesto de Mons. Nicola Bux sobre la reforma de la reforma: es tiempo de actuar siguiendo el ejemplo del Papa



Presentamos la traducción de una entrevista a Mons. Nicola Bux, publicada por “Tempi”, en la que condensa los principales elementos de la así llamada “reforma de la reforma” impulsada por Benedicto XVI.

“De esta forma, también se impide que puedan «los fieles puedan revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron»”. He aquí explicado de manera admirable de qué se habla cuando se habla de mala liturgia. La cita está tomada de Redemptionis Sacramentum, documento fuertemente querido por Juan Pablo II.

Quedan pocos ya que nieguen que, en campo litúrgico, los documentos oficiales del Concilio Vaticano II hayan sido sustituidos en forma abusiva por un invasivo “espíritu del Concilio”. Dos ejemplos: el canto gregoriano y el latín, el uso de los cuales estaba indicado entre las “consignas” litúrgicas más importantes del Concilio. No se entiende bien cómo, en la práctica, como se sabe, todo se ha desvanecido. “Efectivamente muchos se preguntan cómo ha sucedido esto”, dice a Tempi el teólogo don Nicola Bux.

“Es una página que todavía debe ser aclarada. Los hechos son estos: Pablo VI constituyó el Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, con la tarea de «ejecutar» lo que estaba en la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium. Sobre esta ejecución ha ocurrido luego de todo porque, confrontando con la letra del texto y las aplicaciones sucesivas, aparecen diferencias notables. Tomemos el gregoriano. En el número 116 de la Sacrosanctum Concilium se lee que la Iglesia lo reconoce como «el canto propio de la liturgia romana» y como tal le reserva «el puesto principal». Ahora bien, «canto propio» es una expresión específica. Significa que el gregoriano es una sola cosa con el rito latino. Eliminar el canto propio es como rasgar la piel de una persona. Eso es lo que se ha hecho”. La razón alegada es que no se lo sabría cantar. “Pero esto es un problema falso”, explica el teólogo. “Si pensamos en cuántos motetes canta la gente sólo porque han sido custodiados y perpetuados: la Salve Regina, el Kyrie… Y luego, ¿basta realmente que el canto sea en italiano para que la gente cante?”.

La misma Iglesia en todo el mundo

Los biógrafos concuerdan en que la fascinación ejercida por el catolicismo sobre conversos como Newman, Benson y Chesterton, fue debida también a aquel universalismo de la liturgia latina que todavía hoy juega un rol importante en el persuadir a muchos anglicanos a llamar a la Iglesia de Roma. Ahora bien, además del gregoriano, ciertos encubrimientos han concernido también al latín. Y, sin embargo, la Sacrosanctum Concilium en el n. 36 prescribe expresamente: “El uso de la lengua latina, salvo derechos particulares, sea conservado en los ritos latinos”. “Traducir las lecturas a las lenguas habladas – sostienen don Bux – ha sido algo bueno, debemos entenderla. Pero el Papa ha añadido que «una presencia más marcada de algunos elementos latinos ayudaría a dar una dimensión universal, a hacer que en todas partes del mundo se pueda decir: yo estoy en la misma Iglesia». Al menos en la plegaria eucarística y en la colecta el latín debería volver. Entre otras cosas, Pablo VI estableció que los misales nacionales fuesen publicados siempre bilingües, italiano y latín. Para permitir en todo momento la celebración en latín, para tener entrenados a los sacerdotes, y finalmente porque el italiano cambia y las traducciones, a menudo verdaderas interpretaciones, tienden cada vez más a traicionar. Hay una carta del Papa que lo prescribía: no le han obedecido”.

La liturgia es sagrada si tiene sus reglas. Y si por un lado, el ethos, es decir, la vida moral, es un elemento claro para todos, por otro lado se ignora casi totalmente que existe también un ius divinum, un derecho de Dios a ser adorado. Don Bux dice: “Se dice: Dios, aún si existe, con mi vida no tiene nada que ver. En cambio, Dios tiene que ver con todo. «Todo me pertenece», se lee en las Escrituras, también la vida del director Monicelli le pertenecía. Atención, porque el Señor es celoso de sus competencias y el culto, más que nada, le es propio. En cambio, precisamente en campo litúrgico estamos frente a una deregulation”. Para subrayar cómo sin ius y ethos el culto se vuelve necesariamente idolátrico, en su recientísimo libro (“Cómo ir a Misa y no perder la fe”), don Nicola Bux cita un pasaje de “Introducción al espíritu de la liturgia” de Joseph Ratzinger. Escribe Ratzinger: “En apariencia, todo está en orden y presumiblemente también el ritual procede según las prescripciones. Y, no obstante, hay una caída en la idolatría (…), se hace descender a Dios al propio nivel reduciéndolo a categorías de visibilidad y comprensibilidad”. Y todavía: “Se trata de un culto hecho por propia autoridad(…), se convierte en una fiesta que la comunidad se hace a sí misma; celebrándola, la comunidad no hace más que confirmarse a sí misma”. El resultado es irremediable: “De la adoración a Dios se pasa a un círculo que gira en torno a sí mismo: comer, beber, divertirse”. Un efecto dominó.

Es fundamental notar – escribe don Bux – que “la caricatura de lo divino en aspecto bestial” es un claro indicio del hecho de que “el trastorno del culto arrastra consigo al arte sacro”. Es difícil no pensar en la arquitectura de tantas iglesias modernas. Decaimiento que concierne también a la música y las vestiduras, visto que en torno al becerro de oro se cantaba y danzaba de modo profano. En resumen, está todo vinculado a la liturgia. No por nada en su autobiografía (“Mi vida”) Ratzinger declaraba solemnemente: “Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que hoy nos encontramos depende en gran parte del derrumbe de la liturgia”.

Un gesto de ecumenismo

Fácilmente, frecuentando la Misa por diez domingos en parroquias diversas, parecería asistir a diez diferentes liturgias. Y si es cierto que católico significa universal, hay algo que tal vez no va. Y sin embargo, la encíclica Ecclesia de Eucaristía había sido clarísima: “La liturgia no es nunca propiedad privada de nadie, ni del celebrante, ni de la comunidad”. La tesis de don Bux es que como ayuda para la liturgia podría servir aquel Motu Proprio Summorum Pontificum que, en el 2007, liberalizó la forma extraordinaria del rito latino. Para el teólogo, “las dos formas del rito pueden enriquecerse mutuamente, precisamente a partir de este clima religioso de misterio, el Sitz im Leben, el ambiente vital donde es posible encontrar a Dios”. ¿Pero se puede hacer ya un primer balance del Motu proprio? Don Bux responde así: “Una semana atrás estuve en París. La Misa que, ante un pedido, celebré en la forma extraordinaria estaba llenísima de jóvenes. El párroco de Sainte-Clotilde me decía que celebra tranquilamente con los dos ritos, sin ningún problema. La verdad es que deberíamos todos liberarnos de esta deletérea contraposición entre antiguo y nuevo rito. Nuestro amado Papa anima y desea la continuidad. Y celebrar tanto en la forma ordinaria como en la extraordinaria significa poner en práctica esta continuidad de la Iglesia. ¡Sigámoslo!”.

No se puede ocultar, sin embargo, que son muchos quienes boicotean el Motu proprio. Para todos, el antiguo obispo de Sora, Luca Brandolini, que ante la noticia de la liberalización del rito extraordinario confió a La Repubblica haber llorado por aquel “día de luto”. Y sin embargo, en una perspectiva ecuménica, la liberalización de la Misa antigua es un paso hacia delante. “Lo ha demostrado – añade don Bux – el difunto patriarca de Moscú Alejo II, el cual aplaudió el Motu proprio con palabras clarísimas: «El Papa ha hecho bien. Todo lo que es recuperación de la tradición acerca a los cristianos entre ellos»”.

Según el teólogo, “el movimiento de jóvenes creado en torno al rito antiguo está en fuerte crecimiento”. Pero ninguno, especialmente si ha nacido entre los años setenta y ochenta, puede ser “tradicionalista” en nombre de la nostalgia por los bellos tiempos que fueron. “Muchos jóvenes piden una sola cosa: encontrar lo sagrado. Esta es la razón del éxito de la Misa gregoriana. Ignorar este pedido, que tiene un contorno totalmente espiritual y para nada ideológico (como, por el contrario, se querría hacer creer), es al menos contradictorio para quien, por definición, debería «episcopein», es decir, observar, escrutar”. La situación es paradójica: “Se ha hecho de todo para renovar la liturgia y atraer a los jóvenes, y ahora precisamente ellos no se sienten atraídos. Es un hecho que con la forma extraordinaria del rito no pocos de ellos logran adorar más al Señor. La liturgia sirve para dar al Señor la alabanza y la adoración justa. Una liturgia que no pone en el primer puesto al Señor es una ficción, y ellos no se dan cuenta de esto. Cuando los sacerdotes rezan la plegaria eucarística (es decir, el momento culminante de la Misa, el de Su Sacrificio por nosotros) girando la mirada sobre el pueblo en lugar de mirar a la Cruz frente a ellos, se vuelve entonces claro que no están hablando con el Señor, no están dirigidos a Él. Y esto no deja de tener consecuencias: los fieles serán llevados a distraerse, en perjuicio de la participación”.

Pero qué “espaldas al pueblo”

Está naciendo un movimiento litúrgico nuevo que dirige la mirada al modo de celebrar de Benedicto XVI. “Lo más importante que el Papa quiere hacernos comprender – dice don Bux – es la orientación del sacerdote, de su mirada sobre todo. «Allí donde la mirada sobre Dios no es determinante, toda otra cosa pierde su orientación», escribe magníficamente Benedicto XVI, y este es el nudo de la cuestión: la correcta orientación”. Parece, por lo tanto, haber llegado a un nudo riesgoso: “«Levantemos el corazón. Lo tenemos levantado hacia el Señor»: lo decimos pero no lo hacemos. Si el sacerdote mirara la cruz, o el tabernáculo, habría para los fieles un efecto fuertísimo. Si precisamente desde el ofertorio hasta la Comunión el sacerdote no quiere estar dirigido ad Dominum, es decir, hacia Oriente, tenga al menos la Cruz en el centro delante de sí”. Si miras bien, esto sería posible también con los nuevos altares, por lo que sin volver a destruir nada (hemos asistido ya a la insensata demolición de muchos altares antiguos y bellos), bastaría poner sobre el altar la cruz y volverse hacia ella. Exactamente como hace Benedicto XVI, que interpone la cruz entre él y los fieles, una cruz bien visible”. En el fondo, Ratzinger tenía en mente precisamente esto cuando se lamentaba de que “el sacerdote dirigido al pueblo da a la comunidad el aspecto de un todo cerrado en sí mismo”. Sin embargo – se objeta -, dar las espaldas al pueblo o incluso sólo interponer la cruz sobre el altar hace venir a menos el sentido de convite. “Conozco la objeción: es la idea de Misa-banquete que desde las «comunidades de base de los años setenta» se resiste a morir. Por esto fue acuñada la expresión «Misa de espaldas al pueblo». ¿Realmente puede pensarse que las espaldas al pueblo del sacerdote harían perder el sentido de comunión? Pero la comunión, para ser tal, ¿no debe venir antes desde lo alto? ¿Realmente el misterio de la comunión eclesial se resuelve mirando a la asamblea?”, comenta don Bux.

Los extraños intentos de Bugnini

Está luego la lección silenciosa de Benedicto XVI sobre la Comunión dada en la boca y de rodillas. “Una actitud de reverencia – observa el teólogo púgiles – que hace más lenta la procesión de Comunión y hace más consciente del gesto. Teniendo siempre claro que la Comunión sobre la meno es un gesto permitido por un indulto, es decir, un acto de duración limitada, que en cambio se ha convertido en regla”. Don Bux añade: “Hoy también el tabernáculo se ha convertido en «signo de conflicto». ¿Cómo no comprender que si el tabernáculo no está ya en el centro, tampoco será considerado ya como el centro?”. De aquí su propuesta a los sacerdotes: un intercambio tabernáculo – sede sacerdotal en el centro del presbiterio. “La gente volverá a creer en el Santísimo Sacramento; nosotros, los sacerdotes, ganaríamos en humildad; y al Señor será restituido el lugar que le corresponde”.

Volviendo al Concilio “traicionado”, Annibale Bugnini, indiscutido protagonista de la reforma litúrgica, declaraba tranquilamente a L’Osservatore Romano: “Debemos quitar de nuestras plegarias católicas y de la liturgia católica todo lo que pueda ser la sombra de una piedra de tropiezo para nuestros hermanos separados, es decir, los protestantes”. Incluso más allá de su discutida pertenencia masónica sobre la que tanto se ha escrito (entre otros, por el vaticanista Andrea Tornielli en 30Giorni), la verdadera pregunta es si un intento como el mencionado ha sido insignificante respecto a la situación en que hoy se encuentra la liturgia, es decir, a lo que Benedicto XVI llama “deformaciones al límite de lo soportable”. “De sus responsabilidades – afirma don Bux -, Annibale Bugnini responderá al Señor. Una ayuda para entender la reforma puede llegar del libro de Nicola Giampietro que contiene el testimonio del cardenal Ferdinando Antonelli, autorizado protagonista de aquel Consilium encargado de ejecutar los documentos de la reforma. Antonelli ha escrito cosas decididamente fuertes sobre el clima que había en ese Consilium del que Bugnini era el factotum y también sobre el rol de aquellos seis expertos protestantes que tuvieron una función bastante mayor que la de simples observadores. Ciertamente serviría publicar los diarios secretos de Annibale Bugnini. Aunque sólo sea para una mayor comprensión de qué ha sido realmente la reforma litúrgica post-conciliar”.