sábado, 12 de março de 2011

En Roma Congreso internacional sobre la Adoración Eucarística


Del 20 al 24 de junio se realizará en Roma el Congreso internacional sobre la Adoración Eucarística, una iniciativa de Mons. Dominique Rey, obispo de Fréjus-Toulon, en el cual participarán, entre otros, los cardenales Cañizares, Burke, Ranjith, Piacenza, Turkson y Arinze y donde se celebrará la Santa Misa en la Forma Extraordinaria del Rito Romano. Presentamos nuestra traducción de una entrevista que Mons. Rey concedió a la edición italiana de Zenit.

La Iglesia se está movilizando intensamente para preparar este Congreso internacional sobre la Adoración Eucarística. ¿Cuál es su importancia y cuáles son las expectativas para este congreso?

Este congreso se encuadra perfectamente en la obra llevada adelante por el Papa Benedicto XVI que, tras las huellas de Juan Pablo II, quiere promover una nueva toma de conciencia sobre la urgencia misionera a la que se enfrenta, hoy más que nunca, la Iglesia. El tema del congreso, “De la adoración a la evangelización”, subraya que este nuevo impulso misionero se debe enraizar en la vida eclesial y eucarística. La primera condición de la evangelización es la adoración. Por desgracia, algunas propuestas misioneras de hoy se presentan más como marketing o promoción comercial que como testimonio de fe. El riesgo es una distorsión del método de evangelización

Es la primera vez que se lleva a cabo en Roma un encuentro sobre este tema. Y la participación de numerosos cardenales, obispos y testigos que obran en el campo como evangelizadores y adoradores, pone en evidencia el interés suscitado por el encuentro. Este congreso quiere dar un alma y una espiritualidad a esta nueva evangelización tan necesaria para la renovación de la Iglesia y para la irradiación del mensaje evangélico.

¿Por qué es importante la adoración? ¿Quién está llamado, en su opinión, a la adoración?

La adoración eucarística constituye una prolongación de la celebración eucarística. El creyente acoge el ofrecimiento de Cristo que se da al Padre para la salvación de todos. Adorar al Santísimo Sacramento significa entrar en contemplación de Jesús Eucaristía. Significa aceptar, al mismo tiempo, como dirá el apóstol Pablo, ofrecer nuestra misma vida en sacrificio para participar en la salvación de Cristo.

La adoración es un gesto de reconocimiento, al contemplar hasta qué punto Cristo nos ama, haciéndose alimento, y es también un gesto personal en el que también nosotros podemos entrar, en Él y por Él, en esta obra de salvación.

Todo cristiano está llamado, en virtud de su consagración bautismal, a convertirse en adorador en espíritu y en verdad. Recuerdo la frase de la filósofa Simona Weil que solía decir después de su conversión: “Finalmente he descubierto alguien frente a quien ponerme de rodillas”. En el Apocalipsis descubrimos que la gloria celestial consistirá en el júbilo y en la adoración. Si comienzo a adorar hoy, me preparo parar entrar en la plenitud de mi condición filial cuando contemplaré el rostro de Dios. Todo hombre está hecho para adorar, es decir, para reconocer el señorío de Cristo y, en este gesto de donación de sí mismo, que implica la adoración, donarse total y definitivamente a Él.

El congreso está organizado por los Misioneros de la Santísima Eucaristía, una nueva comunidad que usted fundó en su diócesis en el 2007. ¿Cuál es la misión de esta comunidad en la Iglesia actual?

Esta asociación de clérigos de derecho diocesano está llamada, bajo mi vigilancia, a desarrollar en la Iglesia la adoración eucarística en el corazón de la vida parroquial. Esta asociación organiza misiones eucarísticas en colaboración con las diócesis y los sacerdotes que recurren a sus servicios, no sólo para desarrollar una auténtica devoción eucarística sino también para hacer entrar a las comunidades cristianas en un espíritu misionero, en un nuevo impulso pastoral. Los parroquianos están llamados a acercarse, día y noche, a la adoración del Santísimo Sacramento expuesto. Para esto se necesita brindar una catequesis eucarística.

Los Misioneros del Santísimo Sacramento están presentes en los Estados Unidos y en Italia, si bien su sede central se encuentra en Sanary (Var, Francia). Van de parroquia en parroquia, difundiendo y promoviendo la enseñanza del Magisterio y de autores espirituales, sobre el valor de la adoración eucarística.

¿A quién se dirige este congreso? ¿Qué quiere proponer en concreto?

El congreso está dirigido a todos aquellos que en la Iglesia son ya sensibles a la importancia de la adoración eucarística, pero más en general a todos los pastores, consagrados y laicos que deseen profundizar el sentido de la Eucaristía, en su dimensión litúrgica, de sacrificio, social, y en el vínculo entre adoración y celebración. Las jornadas estarán marcadas por las celebraciones eucarísticas, en la forma ordinaria y extraordinaria, así como por otras funciones litúrgicas. Habrá momentos de adoración al Santísimo Sacramento.

Las enseñanzas principales serán ofrecidas por la mañana. Están previstos también momentos de intercambio, en los que se afrontarán temas más concretos. El congreso concluirá con la procesión eucarística de la solemnidad del Corpus Domini, presidida por el Santo Padre Benedicto XVI.

¿La adoración eucarística ha tenido un rol central en su vocación personal o en su ministerio de sacerdote y obispo?

He descubierto con mayor intensidad la adoración eucarística cuando era rector del santuario de Paray le Monial. Siendo miembro de la Comunidad Emanuel y estando junto al fundador, Pierre Goursat, que era un ferviente adorador del Santísimo Sacramento, experimenté hasta qué punto esta oración daba fuerza a mi vida espiritual y sacerdotal. Toda fecundidad cristiana es sacrificial. Encuentra su origen en el gesto que Cristo realiza en su Pascua y que la Eucaristía actualiza en cada celebración.

En la adoración eucarística fijamos nuestra mirada sobre este gesto infinito de amor que la Iglesia no deja de retomar en cada Misa. He podido constatar los muchos frutos espirituales y misioneros de la adoración eucarística en el contexto de las diversas responsabilidades ministeriales que he asumido. Por este motivo, he tomado la iniciativa de presentar al cardenal Antonio Cañizares Llovera, prefecto de la Congregación para el Culto divino, este proyecto y he pedido a los Misioneros de la Santísima Eucaristía que se ocupararan de la organización.

Fuente: Zenit

quinta-feira, 10 de março de 2011

Papa aos párocos de Roma: O sacerdote deve ter olhos de Deus, não olhos de burocrata



Cidade do Vaticano, 10 mar (RV) - O sacerdote não é um "administrador", mas um homem escolhido por Deus para imitar Cristo, que sabe como Ele ser humilde, amar a humanidade, ter a sensibilidade para com os pobres, defender a Igreja com coragem, onde quer que ela se encontre ameaçada.

Com uma lectio divina inspirada pelo Cap. 20 dos Atos dos Apóstolos, Bento XVI deteve-se na manhã desta quinta-feira, na Sala das Bênçãos, no Vaticano, com os sacerdotes da Diocese de Roma, conduzidos pelo Cardeal-Vigário Agostino Vallini, no tradicional encontro anual do Papa com o seu clero.

Ter olhos de Deus, não olhos de burocrata. Não há alternativa para um sacerdote. São Paulo o havia compreendido como pode-se ver  nesse capítulo dos Atos dos Apóstolos, que o Papa definiu como "destinado aos homens de todos os tempos". A atualidade do texto antigo tornou-se matéria de reflexão para o sacerdote do tempo moderno. Em primeiro lugar, o sacerdote "não é dono da fé" – afirmou o Pontifíce:

"Não se é padre somente durante uma parte do tempo; se é sempre, com toda a alma, com todo o nosso coração. Esse ser com Cristo e ser embaixador de Cristo, esse ser para os outros é uma missão que penetra o nosso ser e deve sempre mais penetrar na totalidade do nosso ser."

O serviço – prosseguiu o Papa – chama à humildade. Que não é exibição de "falsa modéstia", mas amor pela vontade de Deus, que justamente graças à humildade do servidor pode ser anunciada na sua integridade, sem condicionamentos ou preferências, e sem "criar a ideia de que o cristianismo é um pacote imenso de coisas que devem ser aprendidas":

"Isso é importante: não prega um cristianismo à la carte, segundo os próprios gostos, pregando um Evangelho segundo as próprias ideias preferidas, segundo as próprias ideias teológicas: não se subtrai do anunciar toda, toda a vontade de Deus, inclusive a vontade incômoda, mesmo os temas que pessoalmente não o agradam tanto."

O texto paulino sugeriu ao Pontífice pontos de reflexão sobre o tema da conversão do coração. "Conversão" – disse o Santo Padre – é, sobretudo, conversão do pensamento e do coração, para a qual a realidade não são as coisas tangíveis ou os fatos do mundo assim como se apresentam, mas a realidade é reconhecer a presença de Deus no mundo. A partir dessa visão o sacerdote deve conduzir a sua "corrida" no mundo, sem jamais perder o ardor inicial – recomendou Bento XVI:

"Não percamos o zelo, a alegria de sermos chamados pelo Senhor (...) deixemo-nos renovar a nossa juventude espiritual (...) a alegria de poder seguir com Cristo até o fim, de levar a termo a nossa "corrida" sempre no entusiamo de sermos chamados por Cristo para esse grande serviço."

O sacerdote, como Paulo – afirmou o Santo Padre – não deve pensar na sua mera "sobrevivência biológica". É claro, cuidar de si é imperioso, mas não esqueçamos que a oferta de si, até a doação da vida, assimila o sacerdote a seu modelo, Cristo:

"Somente Deus pode fazer-nos sacerdotes, somente Deus pode escolher os seus sacerdotes e se somos escolhidos, somos escolhidos por Ele. Aí se mostra claramente o caráter sacramental do presbiterato e do sacerdócio, que não é uma profissão que deve ser assumida porque alguém deve adminsitrar todas as coisas (...) é uma eleição do Espírito Santo."

Pio XII – recordou o Papa – frisava o problema da "sonolência dos bons", ou seja, a ausência daqueles limites que comumente os próprios cristãos opõem às forças do mal. O sacerdote é chamado a "vigiar" e a rezar intensamente – reiterou:

"Vigiem sobre vocês mesmos": estejamos atentos também com a nossa vida espiritual, o nosso estar com Cristo (...) rezar e meditar a Palavra de Deus não é tempo perdido em relação ao cuidado pelas almas, mas é condição para que posamos estar realmente em contato com o Senhor e assim falar em primeira mão do Senhor aos outros."

A Igreja é ameaçada e o será sempre – disse o Pontífice. Mas essa consciência jamais deve levar a esquecer outras inalteráveis realidades:

"A verdade é mais forte do que a mentira, o amor é mais forte do que o ódio, Deus é mais forte do que todas as forças adversas. E com essa alegria, com essa certeza interior aprendemos o nosso caminho (...) nas consolações de Deus e nas perseguições do mundo." (RL)


terça-feira, 8 de março de 2011

MENSAGEM DO PAPA PARA A QUARESMA


MENSAGEM DE SUA SANTIDADE
PAPA BENTO XVI
PARA A QUARESMA DE 2011
 
  


«Sepultados com Ele no baptismo,
foi também com Ele que ressuscitastes» (cf.
Cl
2, 12)


Amados irmãos e irmãs!

A Quaresma, que nos conduz à celebração da Santa Páscoa, é para a Igreja um tempo litúrgico muito precioso e importante, em vista do qual me sinto feliz por dirigir uma palavra específica para que seja vivido com o devido empenho. Enquanto olha para o encontro definitivo com o seu Esposo na Páscoa eterna, a Comunidade eclesial, assídua na oração e na caridade laboriosa, intensifica o seu caminho de purificação no espírito, para haurir com mais abundância do Mistério da redenção a vida nova em Cristo Senhor (cf. Prefácio I de Quaresma).

1. Esta mesma vida já nos foi transmitida no dia do nosso Baptismo, quando, «tendo-nos tornado partícipes da morte e ressurreição de Cristo» iniciou para nós «a aventura jubilosa e exaltante do discípulo» (Homilia na Festa do Baptismo do Senhor, 10 de Janeiro de 2010). São Paulo, nas suas Cartas, insiste repetidas vezes sobre a singular comunhão com o Filho de Deus realizada neste lavacro. O facto que na maioria dos casos o Baptismo se recebe quando somos crianças põe em evidência que se trata de um dom de Deus: ninguém merece a vida eterna com as próprias forças. A misericórdia de Deus, que lava do pecado e permite viver na própria existência «os mesmos sentimentos de Jesus Cristo» (Fl 2, 5), é comunicada gratuitamente ao homem.

O Apóstolo dos gentios, na Carta aos Filipenses, expressa o sentido da transformação que se realiza com a participação na morte e ressurreição de Cristo, indicando a meta: que assim eu possa «conhecê-Lo, a Ele, à força da sua Ressurreição e à comunhão nos Seus sofrimentos, configurando-me à Sua morte, para ver se posso chegar à ressurreição dos mortos» (Fl 3, 1011). O Baptismo, portanto, não é um rito do passado, mas o encontro com Cristo que informa toda a existência do baptizado, doa-lhe a vida divina e chama-o a uma conversão sincera, iniciada e apoiada pela Graça, que o leve a alcançar a estatura adulta de Cristo.

Um vínculo particular liga o Baptismo com a Quaresma como momento favorável para experimentar a Graça que salva. Os Padres do Concílio Vaticano II convidaram todos os Pastores da Igreja a utilizar «mais abundantemente os elementos baptismais próprios da liturgia quaresmal» (Const. Sacrosanctum Concilium, 109). De facto, desde sempre a Igreja associa a Vigília Pascal à celebração do Baptismo: neste Sacramento realiza-se aquele grande mistério pelo qual o homem morre para o pecado, é tornado partícipe da vida nova em Cristo Ressuscitado e recebe o mesmo Espírito de Deus que ressuscitou Jesus dos mortos (cf. Rm 8, 11). Este dom gratuito deve ser reavivado sempre em cada um de nós e a Quaresma oferece-nos um percurso análogo ao catecumenato, que para os cristãos da Igreja antiga, assim como também para os catecúmenos de hoje, é uma escola insubstituível de fé e de vida cristã: deveras eles vivem o Baptismo como um acto decisivo para toda a sua existência.

2. Para empreender seriamente o caminho rumo à Páscoa e nos prepararmos para celebrar a Ressurreição do Senhor – a festa mais jubilosa e solene de todo o Ano litúrgico – o que pode haver de mais adequado do que deixar-nos conduzir pela Palavra de Deus? Por isso a Igreja, nos textos evangélicos dos domingos de Quaresma, guia-nos para um encontro particularmente intenso com o Senhor, fazendo-nos repercorrer as etapas do caminho da iniciação cristã: para os catecúmenos, na perspectiva de receber o Sacramento do renascimento, para quem é baptizado, em vista de novos e decisivos passos no seguimento de Cristo e na doação total a Ele.

O primeiro domingo do itinerário quaresmal evidencia a nossa condição do homens nesta terra. O combate vitorioso contra as tentações, que dá início à missão de Jesus, é um convite a tomar consciência da própria fragilidade para acolher a Graça que liberta do pecado e infunde nova força em Cristo, caminho, verdade e vida (cf. Ordo Initiationis Christianae Adultorum, n. 25). É uma clara chamada a recordar como a fé cristã implica, a exemplo de Jesus e em união com Ele, uma luta «contra os dominadores deste mundo tenebroso» (Ef 6, 12), no qual o diabo é activo e não se cansa, nem sequer hoje, de tentar o homem que deseja aproximar-se do Senhor: Cristo disso sai vitorioso, para abrir também o nosso coração à esperança e guiar-nos na vitória às seduções do mal.

O Evangelho da Transfiguração do Senhor põe diante dos nossos olhos a glória de Cristo, que antecipa a ressurreição e que anuncia a divinização do homem. A comunidade cristã toma consciência de ser conduzida, como os apóstolos Pedro, Tiago e João, «em particular, a um alto monte» (Mt 17, 1), para acolher de novo em Cristo, como filhos no Filho, o dom da Graça deDeus: «Este é o Meu Filho muito amado: n’Ele pus todo o Meu enlevo. Escutai-O» (v. 5). É o convite a distanciar-se dos boatos da vida quotidiana para se imergir na presença de Deus: Ele quer transmitir-nos, todos os dias, uma Palavra que penetra nas profundezas do nosso espírito, onde discerne o bem e o mal (cf. Hb 4, 12) e reforça a vontade de seguir o Senhor.

O pedido de Jesus à Samaritana: «Dá-Me de beber» (Jo 4, 7), que é proposto na liturgia do terceiro domingo, exprime a paixão de Deus por todos os homens e quer suscitar no nosso coração o desejo do dom da «água a jorrar para a vida eterna» (v. 14): é o dom do espírito Santo, que faz dos cristãos «verdadeiros adoradores» capazes de rezar ao Pai «em espírito e verdade» (v. 23). Só esta água pode extinguir a nossa sede do bem, da verdade e da beleza! Só esta água, que nos foi doada pelo Filho, irriga os desertos da alma inquieta e insatisfeita, «enquanto não repousar em Deus», segundo as célebres palavras de Santo Agostinho.

O domingo do cego de nascença apresenta Cristo como luz do mundo. O Evangelho interpela cada um de nós: «Tu crês no Filho do Homem?». «Creio, Senhor» (Jo 9, 35.38), afirma com alegria o cego de nascença, fazendo-se voz de todos os crentes. O milagre da cura é o sinal que Cristo, juntamente com a vista, quer abrir o nosso olhar interior, para que a nossa fé se torne cada vez mais profunda e possamos reconhecer n’Ele o nosso único Salvador. Ele ilumina todas as obscuridades da vida e leva o homem a viver como «filho da luz».

Quando, no quinto domingo, nos é proclamada a ressurreição de Lázaro, somos postos diante do último mistério da nossa existência: «Eu sou a ressurreição e a vida... Crês tu isto?» (Jo 11, 25-26). Para a comunidade cristã é o momento de depor com sinceridade, juntamente com Marta, toda a esperança em Jesus de Nazaré: «Sim, Senhor, creio que Tu és o Cristo, o Filho de Deus, que havia de vir ao mundo» (v. 27). A comunhão com Cristo nesta vida prepara-nos para superar o limite da morte, para viver sem fim n’Ele. A fé na ressurreição dos mortos e a esperança da vida eterna abrem o nosso olhar para o sentido derradeiro da nossa existência: Deus criou o homem para a ressurreição e para a vida, e esta verdade doa a dimensão autêntica e definitiva à história dos homens, à sua existência pessoal e ao seu viver social, à cultura, à política, à economia. Privado da luz da fé todo o universo acaba por se fechar num sepulcro sem futuro, sem esperança.

O percurso quaresmal encontra o seu cumprimento no Tríduo Pascal, particularmente na Grande Vigília na Noite Santa: renovando as promessas baptismais, reafirmamos que Cristo é o Senhor da nossa vida, daquela vida que Deus nos comunicou quando renascemos «da água e do Espírito Santo», e reconfirmamos o nosso firme compromisso em corresponder à acção da Graça para sermos seus discípulos.

3. O nosso imergir-nos na morte e ressurreição de Cristo através do Sacramento do Baptismo, estimula-nos todos os dias a libertar o nosso coração das coisas materiais, de um vínculo egoísta com a «terra», que nos empobrece e nos impede de estar disponíveis e abertos a Deus e ao próximo. Em Cristo, Deus revelou-se como Amor (cf 1 Jo 4, 7-10). A Cruz de Cristo, a «palavra da Cruz» manifesta o poder salvífico de Deus (cf. 1 Cor 1, 18), que se doa para elevar o homem e dar-lhe a salvação: amor na sua forma mais radical (cf. Enc. Deus caritas est, 12). Através das práticas tradicionais do jejum, da esmola e da oração, expressões do empenho de conversão, a Quaresma educa para viver de modo cada vez mais radical o amor de Cristo. O Jejum, que pode ter diversas motivações, adquire para o cristão um significado profundamente religioso: tornando mais pobre a nossa mesa aprendemos a superar o egoísmo para viver na lógica da doação e do amor; suportando as privações de algumas coisas – e não só do supérfluo – aprendemos a desviar o olhar do nosso «eu», para descobrir Alguém ao nosso lado e reconhecer Deus nos rostos de tantos irmãos nossos. Para o cristão o jejum nada tem de intimista, mas abre em maior medida para Deus e para as necessidades dos homens, e faz com que o amor a Deus seja também amor ao próximo (cf. Mc 12, 31).

No nosso caminho encontramo-nos perante a tentação do ter, da avidez do dinheiro, que insidia a primazia de Deus na nossa vida. A cupidez da posse provoca violência, prevaricação e morte: por isso a Igreja, especialmente no tempo quaresmal, convida à prática da esmola, ou seja, à capacidade de partilha. A idolatria dos bens, ao contrário, não só afasta do outro, mas despoja o homem, torna-o infeliz, engana-o, ilude-o sem realizar aquilo que promete, porque coloca as coisas materiais no lugar de Deus, única fonte da vida. Como compreender a bondade paterna de Deus se o coração está cheio de si e dos próprios projectos, com os quais nos iludimos de poder garantir o futuro? A tentação é a de pensar, como o rico da parábola: «Alma, tens muitos bens em depósito para muitos anos...». «Insensato! Nesta mesma noite, pedir-te-ão a tua alma...» (Lc 12, 19-20). A prática da esmola é uma chamada à primazia de Deus e à atenção para com o próximo, para redescobrir o nosso Pai bom e receber a sua misericórdia.

Em todo o período quaresmal, a Igreja oferece-nos com particular abundância a Palavra de Deus. Meditando-a e interiorizando-a para a viver quotidianamente, aprendemos uma forma preciosa e insubstituível de oração, porque a escuta atenta de Deus, que continua a falar ao nosso coração, alimenta o caminho de fé que iniciámos no dia do Baptismo. A oração permitenos também adquirir uma nova concepção do tempo: de facto, sem a perspectiva da eternidade e da transcendência ele cadencia simplesmente os nossos passos rumo a um horizonte que não tem futuro. Ao contrário, na oração encontramos tempo para Deus, para conhecer que «as suas palavras não passarão» (cf. Mc 13, 31), para entrar naquela comunhão íntima com Ele «que ninguém nos poderá tirar» (cf. Jo 16, 22) e que nos abre à esperança que não desilude, à vida eterna.

Em síntese, o itinerário quaresmal, no qual somos convidados a contemplar o Mistério da Cruz, é «fazer-se conformes com a morte de Cristo» (Fl 3, 10), para realizar uma conversão profunda da nossa vida: deixar-se transformar pela acção do Espírito Santo, como São Paulo no caminho de Damasco; orientar com decisão a nossa existência segundo a vontade de Deus; libertar-nos do nosso egoísmo, superando o instinto de domínio sobre os outros e abrindo-nos à caridade de Cristo. O período quaresmal é momento favorável para reconhecer a nossa debilidade, acolher, com uma sincera revisão de vida, a Graça renovadora do Sacramento da Penitência e caminhar com decisão para Cristo.

Queridos irmãos e irmãs, mediante o encontro pessoal com o nosso Redentor e através do jejum, da esmola e da oração, o caminho de conversão rumo à Páscoa leva-nos a redescobrir o nosso Baptismo. Renovemos nesta Quaresma o acolhimento da Graça que Deus nos concedeu naquele momento, para que ilumine e guie todas as nossas acções. Tudo o que o Sacramento significa e realiza, somos chamados a vivê-lo todos os dias num seguimento de Cristo cada vez mais generoso e autêntico. Neste nosso itinerário, confiemo-nos à Virgem Maria, que gerou o Verbo de Deus na fé e na carne, para nos imergir como ela na morte e ressurreição do seu Filho Jesus e ter a vida eterna.

Vaticano, 4 de Novembro de 2010

BENEDICTUS PP. XVI


© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana

Algunos detalles referentes a la instrucción para la aplicación del motu proprio Summorum Pontificum


El vaticanista Andrea Tornielli publica hoy en su blog un artículo, traducido por La Buhardilla para el español, en el cual da algunos detalles referentes a la próxima instrucción para la aplicación de Summorum Pontificum que será publicada “probablemente a comienzos de abril” e será “firmada por el cardenal Levada, por el secretario Guido Pozzo y aprobada por Benedicto XVI”. He aquí las anticipaciones:

1. “La instrucción con sus contenidos confirma que el motu proprio es ley universal de la Iglesia y que todos están obligados a aplicarla y a garantizar que sea aplicada”.

2. “La instrucción afirma que debe ser asegurada la posibilidad de la celebración en el rito antiguo allí donde haya grupos de fieles que la pidan. En el texto no es precisado un número mínimo de fieles que deban constituir el grupo”.

3. “Es bueno – en acuerdo también con la exhortación post-sinodal sobre la Eucaristía – que los seminaristas estudien el latín y conozcan la celebración según la forma antigua”.

4. “El “sacerdos idoneus” para la celebración con el misal preconciliar no es necesario que sea un hábil latinista, sino que sepa leer y entienda lo que lee y lo que está llamado a pronunciar durante el rito”.

5. “La Pontificia Comisión Ecclesia Dei, que desde hace dos años ha sido englobada en la Congregación para la Doctrina de la Fe, es constituida con la instrucción como el organismo llamado a dirimir las cuestiones y las controversias, juzgando en nombre del Papa”.

6. “Los obispos no deben ni pueden promulgar normas que restrinjan las facultades concedidas por el motu proprio o que cambien las condiciones. Están llamados, por el contrario, a aplicarlo”.

7. “Puede ser celebrado también el Triduo pascual en el rito preconciliar allí donde haya un grupo estable de fieles vinculados a la liturgia antigua”.

8. “Los miembros de las órdenes religiosas pueden usar los misales con los respectivos ritos propios preconciliares”.

Fuente:  Sacri Palazzi

sábado, 5 de março de 2011

Bento XVI aos Seminaristas da diocese de Roma: O Batismo não produz automaticamente uma vida coerente, mas precisa de uma colaboração feita de vontade e empenho perseverante



A unidade da Igreja não é algo imposto de fora, mas é fruto da concórdia, de um empenho comum de comportar-se como Jesus, em força do seu espírito. Foi assim que o papa se exprimiu no fim da tarde desta sexta-feira durante a visita ao Seminário Maior de Roma na véspera da Festa de Nossa Senhora da Confiança, a sua Padroeira.

O amor cristão é um vínculo que liberta, já o testemunha S. Paulo prisioneiro por causa do Senhor, e recordou-o Bento XVI aos seminaristas da diocese de Roma. Um vínculo com o qual nos ligamos uns com os outros e com Deus. Não uma corrente que fere, mas nos deixa livres. Conservar a unidade do espírito – prosseguiu – exige que o nosso comportamento se caracterize pela humildade, doçura e magnanimidade de Jesus Cristo na Paixão. È preciso ter coração e mão ligados por aquele vínculo de amor que Ele próprio aceitou por nós tornando-se nosso servo.

Existe, portanto um empenho que renova o dom do Batismo. A graça deste Sacramento, de fato, não produz automaticamente uma vida coerente, mas precisa de uma colaboração feita de vontade e empenho perseverante. Um empenho que custa e tem um preço que se deve pagar de pessoa. Cada um é chamado pessoalmente e deve responder pessoalmente. É esta a vocação que todos recebemos; a chamada a ser de Cristo e a viver nele. Deus instaura com cada um, uma relação.

Cada um é chamado com o seu nome. Deus é tão grande que tem tempo para cada um de nós, conhece-me, conhece cada um pessoalmente. É uma chamada pessoal para cada um, Deus, o Senhor, chama-me e espera a minha resposta.

A chamada é individual, salientou o Papa, mas também eclesial. Chamada a viver no corpo da Igreja, na realidade concreta do seminário ou da paróquia. E também quando este corpo não nos agrada – disse o Papa - a Igreja permanece o vínculo que une a Cristo.

Precisamente assim estamos em comunhão com Cristo, aceitando esta corporeidade da sua Igreja, do Espírito que se encarnar no corpo.

Deus chama-nos, portanto a uma inserção na comunidade, a sermos membros do corpo.

Devemos também ter presente que é muito lindo estar em companhia, caminhar numa grande companhia de todos os séculos, ter amigos no céu e na terra, sentir a beleza deste corpo, ser felizes de o Senhor nos ter chamado a estar num corpo e a nos ter dado amigos em todas as partes do mundo.

Mas sem o sopro do Espírito Santo a vocação cristã não se explica, perde a sua linfa vital. É por isso. Acrescentou o Papa citando Santa Teresa do Menino Jesus – a chamada de cada cristão é um Mistério trinitário : o mistério do encontro com Jesus, mediante o qual Deus Pai nos chama á comunhão consigo e por isso nos quer dar o seu Espírito.

Caminho de oração para a Quaresma - “Ave Regina Caelorum”



Cidade do Vaticano (Agência Fides) - A Ave Regina Caelorum é uma oração dedicada a Nossa Senhora, que inicia com as palavras Ave («salve») e Regina («rainha»). É uma das quatro antigas antífonas marianas cantadas no ofício divino durante o ano litúrgico. Clemente VI a acrescentou pensando a Santo Efrem e a São Girolamo. Esta antífona é cantada sobretudo no período entre a festa da Apresentação de Jesus ao Templo e a Quinta-feira Santa. Dá-se a ela uma importância especial durante a Septuagésima e depois durante a Quaresma e o Tempo da Paixão. O título se escreve às vezes “Ave Regina Coelorum” ou “Ave Regina Cælorum”, que significa “Salve Rainha dos Céus”.

As origens desta oração são misteriosas e o seu autor é desconhecido. Pensa-se que remonta provavelmente ao século XII, alguns dizem que poderia ter sido composta por São Bernardo ou Ermanno Contractus. Mais antigamente era chamada “antífona de procissão”. É mencionada no livro de Santo Albano. O versículo “Dignare me laudare” é particularmente antigo. Foi comparado ao Akathistos, um hino oriental. A oração é, geralmente, dividida em duas estrofes e pode terminar com um “Oremus”.

Aquilo que se diz de Maria na Salve Rainha é sempre em relação a Cristo, que é o Rei do mundo na fé católica. Teologicamente, a expressão «raiz fecunda» recorda que Maria é a raiz de Jesse, o pai do rei Davi. Afirma-se que Maria seja a porta do céu, porque na teologia cristã, o Sagrado Coração de Jesus e o Coração Imaculado de Maria são como as portas do paraíso. A frase «por onde veio a luz ao mundo» refere-se ao nascimento de Jesus, que é a luz do mundo para aqueles que acreditam n’Ele. A oração faz referência às qualidades mediadoras de Nossa Senhora, que é religiosamente chamada “Mediatrix”, porque pode implorar pela humanidade junto a Deus. Por fim, o versículo « Alegrai-Vos, ó Virgem gloriosa», recorda o «Gaude et laetare, Virgo Maria» do Regina Coeli. (J.M.)

PARCE DOMINE




Parce, Domine, parce populo tuo:
ne in aeternum irascaris nobis.

1. Flectamus iram vindicem,
Ploremus ante Judicem;
Clamemus ore supplici,
Dicamus omnes cernui:

2. Nostris malis offendimus
Tuam Deus clementiam
Effunde nobis desuper
Remissor indulgentiam.

Parce, Domine, parce populo tuo:
ne in aeternum irascaris nobis.

3. Dans tempus acceptabile,
Da lacrimarum rivulis
Lavare cordis victimam,
Quam laeta adurat caritas.

4. Audi, benigne Conditor,
Nostras preces cum fletibus
In hoc sacro jejunio,
Fusas quadragenario.

Parce, Domine, parce populo tuo:
ne in aeternum irascaris nobis.