domingo, 20 de setembro de 2015

El cardenal Caffarra lamenta la “tentación de redefinir el matrimonio y la familia desde las orientaciones sexuales y no de las dos identidades sexuales varón-mujer”


El arzobispo de Bolonia, en las jornadas diocesanas “Vocación y misión del matrimonio y la familia en la iglesia y en el mundo"

El cardenal Carlo Caffarra, arzobispo de Bolonia (Italia), ha subrayado esta mañana en la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir (UCV) que "la misión de la familia es la generación y educación de la nueva persona humana" y "radica en la Providencia de Dios", a pesar de que "la gran provocación lanzada hoy consiste en mostrar su inutilidad".

Según el purpurado, "la nueva criatura venida a la existencia es persona desde el primer instante de su concepción, y al mismo tiempo está llamada a convertirse en persona humana". Así, la labor de la familia es "que aflore su inteligencia, su voluntad, su libertad, su capacidad de amar, su sociabilidad", ha subrayado.

El cardenal Caffarra ha pronunciado esta mañana la última ponencia de las jornadas diocesanas "Vocación y misión del matrimonio y la familia en la iglesia y en el mundo", organizadas a iniciativa del cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, a través de la Facultad de Teología de Valencia, la sección española del Pontificio Instituto Juan Pablo II, y la Facultad de Derecho Canónico de la UCV.

El prelado, a quien el papa san Juan Pablo II nombró fundador y primer presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, ha ofrecido su conferencia en el campus de Valencia-San Juan y San Vicente de la UCV por la mañana, e impartirá una segunda sesión vespertina en la sede de Santa Úrsula.

En su intervención, el arzobispo de Bolonia, ha defendido que la familia "ha sido pensada y querida por Dios mismo con vistas a alcanzar un fin", que es "la construcción de una nueva persona; construcción que tiene dos actos: generación y educación". De este modo, "Dios celebra la liturgia de su amor creativo mediante el ministerio de los esposos" por lo que "en la paternidad y maternidad humana Dios mismo creador está presente".

En un segundo momento, el ponente ha asegurado que la familia es desafiada en esta vocación procreativa y educativa. De hecho, ha expresado que "la gran provocación lanzada hoy consiste en mostrar su inutilidad". "Es un proceso de destrucción lo que estamos observando: la institución familiar poco a poco está siendo desmontada hasta su desaparición", aseguró este experto en Derecho Canónico, quien ha lamentado la "tentación de redefinir el matrimonio y la familia a partir de las orientaciones sexuales y no desde las dos identidades sexuales varón-mujer".

Frente a ello, el cardenal Caffarra ha propuesto "mostrar la belleza y la verdad de vivir la familia evangélica en respuesta a las familias que la niegan". Según ha expresado, "se debe vivir con fidelidad el Evangelio del matrimonio, mostrando su íntima razón de ser, y preguntar simplemente: ¿Cuál de las dos posibilidades es la más humana?, ¿cuál es la que hace aflorar la propia humanidad?".

En este sentido, ha señalado a los obispos y los esposos cristianos como responsables de esta respuesta. "La propuesta cristiana es un evento histórico. Esto es lo que debe ser narrado y es la misión de los obispos. Esto es lo que debe ser representado y es la misión de los esposos. Una narración sin representación sería como si la música de Mozart no fuese interpretada, sino solo leída y estudiada. Una representación sin narración no tendría sentido".

Cardenal Sarah: "La comunión entre el Creador y su criatura encuentra su máxima expresión en la unión nupcial"

Previamente, se ha dado lectura a la ponencia del cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y ex presidente del Consejo Pontificio "Cor Unum", que ha redactado para la última sesión de las jornadas diocesanas "Vocación y misión del matrimonio y la familia en la iglesia y en el mundo".

En su ponencia, el cardenal Sarah se ha referido a la "profunda unidad entre el sacramento del matrimonio y la santa eucaristía" y ha señalado algunas dificultades actuales que amenazan la comprensión de dicha relación.

Así, el purpurado ha afirmado que "la comunión entre el Creador y su criatura encuentra su máxima expresión en la unión nupcial" que, a su vez, "pone en la eucaristía su base y su culmen".Sin embargo, esta realidad "se enfrenta a la actual cultura dominante, cuyo pensamiento se caracteriza por el continuo ataque, cuando no negación, de las que han sido las bases de la sociedad occidental hasta el día de hoy".

De este modo, el cardenal Sarah ha definido la sociedad actual como "un nuevo paganismo", que considera el aspecto espiritual "como algo relegado a la esfera subjetiva, marginal e intrascendente", y que está inmersa en relativismo "donde cada uno es medida de sí mismo". "Es la sociedad de la soledad, estamos solos y a menudo ni sabemos quiénes somos, y para reencontrarnos tenemos la necesidad de satisfacer todos nuestros deseos, encontrándonos siempre más solos e insatisfechos", ha expresado.

Ante este panorama, "la Iglesia tiene la misión de anunciar aquella verdad que reconduce la persona a su dignidad", que, en el caso del matrimonio, es "la profunda unidad a la cual el hombre y la mujer están llamados, posible sólo en Cristo, y más profundamente, en la unidad que se manifiesta entre Cristo y la Iglesia", ha asegurado el prefecto de la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

"Dios ha creado el hombre y la mujer para la unidad, pero el pecado ha creado una fractura, obligándolos a vivir encerrados en sí mismos e incapaces de amar. Por eso Dios ha enviado a su único Hijo, para restituir al hombre y a la mujer a su unidad en el único Dios". Así, "celebrar la eucaristía es pasar con Cristo de nuestros límites en el amor, a una dimensión sin algún límite" y "esta realidad de amor total es la llamada de los esposos cristianos", ha detallado el cardenal.

Por todo ello, "el sacramento del matrimonio se apoya en algo natural, la unión entre el hombre y la mujer para formar una familia, pero siendo un sacramento se convierte en la vía privilegiada para vivir en plenitud dicha unidad, el encuentro con el Amor que nos permite amar".

Esta es la razón por la que el cardenal Sarah ha incidido en que los matrimonios vivan "continuamente" la eucaristía, y en que la manera "más indicada" para celebrar el sacramento del matrimonio es dentro del de la eucaristía", pues "sólo alimentándose de Cristo y haciéndose uno solo con Él, el hombre y la mujer experimentan la eternidad de Dios que les permite amarse y hacerse una sola carne".

www.ucv.es

terça-feira, 15 de setembro de 2015

Nossa Senhora das Dores, rogai por nós! Stabat Mater




Stabat mater dolorosa
juxta Crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.

Cuius animam gementem,
contristatam et dolentem
pertransivit gladius.

O quam tristis et afflicta
fuit illa benedicta,
mater Unigeniti!

Quæ mœrebat et dolebat,
pia Mater, dum videbat
nati pœnas inclyti.

Quis est homo qui non fleret,
matrem Christi si videret
in tanto supplicio?

Quis non posset contristari
Christi Matrem contemplari
dolentem cum Filio?

Pro peccatis suæ gentis
vidit Iesum in tormentis,
et flagellis subditum.

Vidit suum dulcem Natum
moriendo desolatum,
dum emisit spiritum.

Eia, Mater, fons amoris
me sentire vim doloris
fac, ut tecum lugeam.

Fac, ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum
ut sibi complaceam.

Sancta Mater, istud agas,
crucifixi fige plagas
cordi meo valide.

Tui Nati vulnerati,
tam dignati pro me pati,
pœnas mecum divide.

Fac me tecum pie flere,
crucifixo condolere,
donec ego vixero.

Juxta Crucem tecum stare,
et me tibi sociare
in planctu desidero.

Virgo virginum præclara,
mihi iam non sis amara,
fac me tecum plangere.

Fac, ut portem Christi mortem,
passionis fac consortem,
et plagas recolere.

Fac me plagis vulnerari,
fac me Cruce inebriari,
et cruore Filii.

Flammis ne urar succensus,
per te, Virgo, sim defensus
in die iudicii.

Christe, cum sit hinc exire,
da per Matrem me venire
ad palmam victoriæ.

Quando corpus morietur,
fac, ut animæ donetur
paradisi gloria. Amen. 

O Card. Sarah, atual Prefeito do Culto Divino e o Summorum Pontificum



O PONTO DE VISTA DO CARDEAL SARAH ACERCA DO MOTU PROPRIO SUMMORUM PONTIFICUM 

Extracto de “Dieu ou rien", entrevista a Nicolas Diat, edições Fayard, pág. 400-402.

Pessoalmente, acolhi o Summorum Pontificum com confiança, alegria e acção de graças. É como que um sinal e a prova de que a Igreja, Mater et Magistra, presta atenção a todos os seus filhos, levando em conta as suas sensibilidades. Bento XVI quis promover a riqueza das diferentes expressões espirituais, posto que as mesmas conduzam a uma comunhão eclesial real e verdadeira, fazendo refulgir mais luminosamente a santidade da Igreja.

Penso que este belo motu proprio está directamente na linha daquela que era a vontade dos Padres Conciliares. Na verdade, não podemos fazer de conta que a Sacrosanctum Concilium não dizia: “a Liturgia compõe-se duma parte imutável, porque de instituição divina, e de partes susceptíveis de modificação, as quais podem e devem variar no decorrer do tempo, se porventura se tiverem introduzido nelas elementos que não correspondam tão bem à natureza íntima da Liturgia ou se tenham tornado menos apropriados.”

Na carta que acompanhava o Summorum Pontificum, Bento XVI escrevia: “Aliás, as duas Formas do uso do Rito Romano podem enriquecer-se mutuamente: no Missal antigo poderão e deverão ser inseridos novos santos e alguns dos novos prefácios. A Comissão «Ecclesia Dei», em contacto com os diversos entes devotados ao usus antiquior, estudará as possibilidades práticas de o fazer. E, na celebração da Missa segundo o Missal de Paulo VI, poder-se-á manifestar, de maneira mais intensa do que frequentemente tem acontecido até agora, aquela sacralidade que atrai muitos para o uso antigo. A garantia mais segura que há de o Missal de Paulo VI poder unir as comunidades paroquiais e ser amado por elas é celebrar com grande reverência em conformidade com as rubricas; isto torna visível a riqueza espiritual e a profundidade teológica deste Missal.”

É provável que na celebração da missa de acordo com o antigo missal, compreendamos melhor que a missa é um acto de Cristo e não dos homens. De igual modo, o seu carácter misterioso e mistagógico também se torna mais imediatamente perceptível. Mesmo que participemos activamente na missa, esta não é uma acção nossa, mas de Cristo. Na carta apostólica Vicesimus Quintus Annus, João Paulo II escrevia (*): “Em que consiste uma participação activa? O que ocorre fazer? Infelizmente, esta expressão foi frequentemente mal-entendida e reduzida à sua significação exterior, isto é, à necessidade de um acto comum, como se se tratasse de fazer entrar concretamente em acção o maior número de pessoas possível. A palavra participação remete-nos para uma acção central da qual todos devem participar. Assim, como queiramos descobrir que acção é essa, cumpre que, antes de mais, se trate de precisar que “actio” central será esta da qual devem tomar parte todos os membros da comunidade … Com o termo “actio”, referido à liturgia, entende-se nas fontes o cânone eucarístico. O verdadeiro agir litúrgico … é a “oratio”. Esta “oratio” — a solene prece eucarística, “o cânone” — è muito mais que um discurso, è uma “actio” no sentido mais alto do termo. Com efeito, nela acontece que a acção humana passa para segundo plano, deixando lugar para a “actio” divina, a acção de Deus.”

O motu proprio Summorum Pontificum tenta reconciliar as duas formas do rito romano, e, sobretudo, procura ajudar-nos a redescobrir a sacralidade da santa missa como “actio Dei”, e não dos homens. Tocamos aqui um ponto extremamente importante: o problema da indisciplina que se espalhou, a falta de respeito e de fidelidade ao rito, que pode até chegar a afectar a própria validade dos sacramentos.

(*) Na realidade, as palavras aqui atribuídas a São João Paulo II, teriam sido retiradas, segundo nos parece, de uma obra do Cardeal Ratzinger: “Introdução ao espírito da Liturgia”.

Paix Litugique

segunda-feira, 14 de setembro de 2015

Cardeal Burke: A forma extraordinária, um tesouro para toda a Igreja


No Outono de 2015, será publicada a tradução francesa do livro do Cardeal Raymond Leo Burke “Divine Love Made Flesh” [La Sainte Eucharistie sacrement de l’amour]. Esta edição incluirá uma entrevista inédita com o cardeal patrono da Ordem de Malta, levada a cabo pelo Padre Claude Barthe, capelão da peregrinação a Roma do povo Summorum Pontificum. Para comemorar o oitavo aniversário da publicação do Motu Proprio Summorum Pontificum pelo Papa Bento XVI, deixamos aqui alguns excertos seleccionados dessa entrevista, com a gentil permissão do editor.



Padre Claude Barthe : Eminência, o dia 7 de Julho de 2015 assinala o aniversário do Motu Proprio Summorum Pontificum. Será exagero dizer que este texto é particularmente representativo do pontificado de Bento XVI?

Cardeal Raymond Leo Burke – Eu diria que em certo sentido, se trata, de facto, da expressão mais elevada do pensamento do Cardeal Ratzinger, que depois veio a ser o Papa Bento XVI. Ele mostra a sua compreensão do Concílio Vaticano II, já que, infelizmente, depois do segundo Concílio Ecuménico Vaticano, mas certamente não por causa dos ensinamentos do Concílio, verificaram-se numerosos abusos, nomeadamente no que diz respeito à celebração da sacra liturgia. Na Carta Apostólica Summorum Pontificum, vê-se como o Papa encontrou uma forma jurídica que estabelece um elo orgânico entre o novo e o antigo, entre a forma ordinária e a forma extraordinária. 

CB: Este texto apareceu após 50 anos de crise litúrgica, a crise a que V. Eminência se referiu na intervenção que fez em Roma, durante o colóquio Summorum Pontificum, a 13 de Junho deste ano (“Um tesouro para a Igreja”), ao dizer que, desde 1970, “o cavalo desenfreou”. Não veio o Motu Próprio abrir um caminho para a resolução desta crise?

Card. Burke: Sem dúvida. Bento XVI viveu com grande dor toda a crise litúrgica, tal como o contou na sua autobiografia (“A Minha Vida”, Livros do Brasil, 2005). Na Carta dirigida aos bispos que acompanhava o Motu Proprio, ele dá conta desta que foi precisamente a sua experiência: “em muitos lugares – dizia o Papa Bento XVI – se celebrava não se atendo de maneira fiel às prescrições do novo Missal, antes consideravam-se como que autorizados ou até obrigados à criatividade, o que levou frequentemente a deformações da Liturgia no limite do suportável. Falo por experiência, porque também eu vivi aquele período com todas as suas expectativas e confusões.” E penso que, ao permitir redescobrir a forma da santa liturgia que tinha existido na Igreja romana ao longo de mil e quinhentos anos, o Papa Bento XVI veio dar a possibilidade para que os abusos seam corrigidos, e deu também um ponto de referência para que se chegue a um necessário enriquecimento da forma ordinária.

[…]

CB: Em jeito de pistas para este enriquecimento, o Cardeal Cañizares, prefeito da Congregação para o Culto Divino, havia apresentado ao Papa Bento XVI algumas propostas para o uso “ad libitum” na forma ordinária das antigas orações do ofertório e para um enquadramento das concelebrações: qual a opinião de V. Eminência a este propósito?

Card. Burke: Não tenho conhecimento sobre se o Cardeal Cañizares fez essas propostas, mas estou plenamente de acordo com a ideia de recuperar certas orações como as que se conservaram no ofertório da forma extraordinária, pois são muito expressivas do grande mistério sacrificial que se celebra. Tudo na missa deve chamar a nossa atenção para a acção divina que se cumpre sobre o altar, e estas orações fazem-no de um modo particular. Num importante artigo concedido pelo Cardeal Sarah, prefeito do Culto Divino, ao “Osservatore Romano” de 12 de Junho passado, ele escrevia que seria desejável inserir o rito penitencial (com isso, quer-se referir às “orações aos pés do altar”) e o ofertório do “usus antiquior” como um anexo a uma futura edição do missal. Ainda acerca das orações aos pés do altar, o salmo que aí se utiliza, o salmo 42 da Vulgata (“E entrarei/irei até ao Altar de Deus; até ao Deus que alegra a minha mocidade”), era o mesmo que cantavam os sacerdotes antes de entrar no Templo de Jerusalém, voltados para o altar: é por isso uma belo modo de mostrar a unidade do culto “em espírito e verdade” (Jo 4, 23) da Nova Aliança e do culto da Antiga Aliança, o novo culto que completa e aperfeiçoa o antigo.

[…]

CB: Ao dar o seu lugar à missa no seu estado tradicional – o estado em que é apresentada no missal de 1962 de João XXIII – o Papa Bento XVI quis então pôr à disposição de toda a Igreja um ponto de referência.

Card. Burke: Assim é, devemos ver a forma extraordinária como um tesouro conservado pela Igreja romana ao longo dos séculos. Trata-se de um rito que, na sua substância, é idêntico ao de Gregório Magno.

CB : … e é particularmente adequado para a acção da Igreja nos dias de hoje: V. Eminência insiste frequentemente na aplicação do adágio “lex orandi, lex credendi” à nova evangelização, ou reevangelização.

Card. Burke: A “lex orandi” está sempre ligada à “lex credendi”. Dependendo do modo em que os homens rezem, bem ou mal, assim também acreditarão, bem ou mal, e se comportarão, bem ou mal. A santa liturgia é, em absoluto, o primeiro acto da nova evangelização. Se não adorarmos a Deus em espírito e verdade, se não celebrarmos a liturgia com a maior fé possível, especialmente nessa acção divina que se desenrola ao longo da missa, então não poderemos ter a inspiração e a graça necessárias para participar na evangelização. Em suma, na santa liturgia está contida a forma da evangelização, na medida em que aquela é um encontro directo com o mistério da fé que nos cabe levar às almas que Deus traz ao nosso encontro.
Ela consegue, por ela mesma, conduzir ao conhecimento dos mistérios da fé. Se a santa liturgia for celebrada de uma maneira antropocêntrica, se ela mais não for do que uma simples actividade social, não terá qualquer impacto duradouro na vida espiritual. Uma das maneiras de conduzir os homens na direcção da fé consiste em restaurar a dignidade da liturgia. Celebrar uma missa com veneração é algo que sempre atraiu os homens para o mistério da redenção. É por isso que me parece que a celebração da missa na forma extraordinária pode ter um papel muito importante no âmbito da nova evangelização, porque ela acentua a transcendência da santa liturgia. Ela sublinha a realidade da união entre o Céu e a terra que a santa liturgia quer exprimir. A acção de Cristo por meio dos sinais do sacramento, por meio dos sacerdotes, instrumentos do próprio Cristo, torna-se muito evidente na forma extraordinária. Além do mais, ela ajuda‑nos a sermos mais respeitadores no modo de celebrar a forma ordinária.
Todos vemos a necessidade dessa evangelização no mundo de hoje, que vive como se Deus não existisse. É importante que se ligue esta nova evangelização à celebração o mais cuidada possível da liturgia. Em muitas pessoas ateias ou não cristãs com quem me encontrei, pudever que, ao travarem conhecimento com a missa na forma extraordinária, tinham a experiência de estarem realmente na presença da acção de Deus. E em seguida, esta mesma experiência veio a permitir-lhes acolherem os ensinamentos da religião. Os homens devem conseguir compreender que o sacerdote age na pessoa de Cristo. Devem poder compreender que é o próprio Cristo que desce sobre o altar para renovar o sacrifício da Cruz. Devem poder compreender que têm de unir os seus corações àquele Seu Coração que foi trespassado para os purificar do pecado, e para fazer crescer neles o amor de Deus e o amor pelo próximo. Devemos pois catequizar os homens com as realidades profundas da missa, em particular por meio da forma extraordinária do rito romano.

CB: A propósito da relação entre doutrina e liturgia, nota-se com frequência que os seminaristas que são atraídos pela forma extraordinária, têm também o desejo de receber uma formação teológica verdadeiramente estruturada. Cumpre, aliás, dizer que, em França, a forma tradicional atrai muitos seminaristas. 

Card. Burke: Mas, na Alemanha, também, e nos Estados Unidos, e em Itália. Havia a ideia de que os italianos não eram atraídos pela liturgia tradicional; é absolutamente falso.
Quanto aos seminaristas, quando era arcebispo de Saint Louis, assim que Bento XVI promulgou o Summorum Pontificum, pedi imediatamente que, no seminário, todos os seminaristas fossem instruídos sobre a forma extraordinária, sobre o seu rito, a sua espiritualidade, e que fosse celebrada no seminário uma vez por semana. Pedi também que os seminaristas que tivessem capacidade para aprender latim fossem formados para celebrar a forma extraordinária. Toda esta regulamentação foi muito bem recebida e, segundo penso, produziu bons frutos na arquidiocese.

CB: Porque esta missa agrada aos jovens.

Card. Burke: Assim é. O Papa Bento XVI dizia aos bispos que se poderia ter pensado que a procura da missa antiga tinha a ver com a geração mais velha, mas que se tinha tornado evidente que havia jovens a descobrirem esta forma litúrgica e que se sentiam atraídos por ela, vendo nela um modo de encontro com o mistério da eucaristia que condizia particularmente com eles. Eu mesmo, quando celebro a missa tradicional, posso observar que a ela vêm assistir numerosas belíssimas famílias jovens e com muitos filhos. Não quero dizer que estas famílias não possam ter problemas, mas uma coisa é clara, que elas se sentem assim mais fortes para os enfrentar. Sempre me impressionou o número de jovens que eram atraídos pela forma extraordinária da missa. São atraídos por ela porque ela é ricamente articulada e cativa a atenção em relação ao que está a acontecer e a ser feito no altar.

[...]


Paix Liturgique

O Crux, ave, spes unica


O Crux, ave, spes unica,

hoc passionis tempore:

auge piis justiam,

reisque dona veniam




VIII Aniversário da entrada em vigor do Motu Proprio Summorum Pontificum - Festa da Exaltação da Santa Cruz



sábado, 12 de setembro de 2015

Santíssimo Nome de Maria, defendei-nos!


O fato de que a Santíssima Virgem leve o nome da Maria é o motivo desta festividade, instituída com o propósito de que os fiéis encomendem a Deus, através da intercessão da Santa Mãe, as necessidades da igreja, agradeçam por seu onipotente amparo e seus inumeráveis benefícios, em especial os que recebem pelas graças e a mediação da Virgem Maria. Pela primeira vez, autorizou-se a celebração desta festa em 1513, na cidade espanhola de Cuenca; daí se estendeu por toda a Espanha e em 1683, o Papa Inocêncio XI a admitiu na igreja do ocidente como uma ação de graças pelo suspensão do sítio a Viena e a derrota dos turcos pelas forças do João Sobieski, rei da Polônia.

Esta comemoração é provavelmente anterior ao ano de 1513, embora não se têm provas concretas sobre isso. Tudo o que podemos dizer é que a grande devoção ao Santo Nome de Jesus, que se deve em parte às pregações de São Bernardino de Siena, abriu naturalmente o caminho para uma comemoração similar do Santo Nome de Maria.

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