domingo, 31 de maio de 2009

La confesión de un Obispo francés


El obispo francés Maurice Gaidon, emérito de Cahors, ha publicado hace algunos meses el libro “Un évêque français entre crise et renouveau de l’Église”, Ed. de l’Emmanuel, 2008 (“Un obispo francés entre la crisis y la renovación de la Iglesia”) que ha sorprendido por la claridad de su análisis y la sinceridad de sus afirmaciones. La Buhardilla de Jeronimo nos ofrece algunos extractos del libro tomados de la segunda parte que tiene tres capítulos con títulos muy elocuentes: “La travesía del deserto”, “Nosotros somos cobardes” y “Una Iglesia paralizada?”

“¿De dónde proviene esta impresión de extraño letargo que percibo en el contacto con nuestras comunidades desorientadas, de nuestros sacerdotes desencantados, de mis hermanos obispos por el temeroso silencio en nuestras asambleas?”

“Yo pienso que a nuestro lenguaje le falta vigor y que el espíritu profético está demasiado ausente de nuestros textos, sabiamente medidos y dignos de resoluciones votadas al final de «meeting radical-socialistas». [...]. Un texto se diluye cuando es revisado y corregido en una asamblea de un centenar de miembros, algunos de los cuales no hablan nunca mientras que otro toman la palabra sin complejos. En una asamblea infiltrada, en parte, por “grandes mitras” que preparan cuidadosamente ciertas elecciones y se reparten los “puestos clave” del episcopado. [...]. Nosotros no queremos salir de un tono conciliador y buscamos, en primer lugar, el consuelo de un blando consenso en los campos más sensibles, como son los problemas de moral conyugal y las cuestiones de bioética. Ya había encontrado estas indecisiones al momento de la ley sobre el aborto y constaté que no estábamos listos para cruzar la espada contra los políticos. Siento la misma impresión cuando el gobierno se prepara a abrir los debates sobre los contratos de unión entre dos personas del mismo sexo. ¿De dónde surge este miedo si no dudamos en hacer oír nuestra voz en otros problemas sociales?”

“Y algunos de nosotros no terminan de tejer alabanzas a este régimen digno de elogios… lo que es un colmo. No tenemos que alabar a un régimen que trata a la Iglesia con tanta desenvoltura y no pierde ocasión de poner obstáculos a la difusión del mensaje cristiano. No debemos incensar a un poder político cuyo liberalismo moral contribuye a degradar el clima de nuestra sociedad. [...]. No debemos olvidar tan velozmente elecciones legislativas que han llevado a la banalización del aborto. [...]. Pagaremos caro y largamente estas decisiones, a las cuales hemos opuesto una resistencia realmente mediocre y un discurso sin aristas vivas ni acentos vigorosos”.

“He vivido mal la reforma litúrgica, impuesta en el plazo de un domingo y con un autoritarismo clerical insoportable. [...]. Tengo la impresión de haber vivido estos años como una lenta deriva, impulsada por las modas y por los lenguajes establecidos en nuestro universo clerical, y de reencontrarme, a la hora de mi última etapa, en un doloroso desconcierto, invadido por el sentimiento de haber padecido pasivamente las tomas de posición y las decisiones de mis hermanos en el episcopado y de haber seguido con ellos la corriente de compromisos, en lugar de usar el lenguaje áspero y profético de los testigos y anunciadores de una Palabra que es una espada”.

“La esperanza no tiene nada que ver con un optimismo al mando que reina con demasiada frecuencia en las oficinas eclesiásticas que yo frecuento”.